viernes, 29 de enero de 2010

24-12-2009


Llegaron Fiestas de Quito y no me di cuenta. Se fueron y ni un canelazo me tomé. Solo la canción del Chulla Quiteño hormigueaba en mi cabeza. Ahora llega Navidad y pasa lo mismo. Si no es por la invitación de mi querida amiga a una cena por la noche, juraba que no existen esos días.
Ahora la he pasado relajadamente bien, conociendo lugares muy acogedores y planeando mi retorno. En mi visita a Rosario me encontré con el mejor amigo argentino que uno pudiera tener, un tipo rosarino de nacimiento pero quiteño de Corazón. Un arquitecto que vivió en Quito en 1978 y ese año le bastó para enamorarse de la “Carita de Dios”. Me trato como rey al saber que yo era quiteño e hicimos un pacto para mantenernos en contacto y con noticias de su amada perdida, Quito.
El pueblito argentino de Victoria, precioso adorna las riveras del Río Paraná; me comunicó con gente sencilla e increíble. La mejor gente de Argentina no vive en Buenos Aires. Vive en el interior.
Si existen cosas que no están escritas en estas líneas, es porque simplemente no merecen estar acá. Viene a mi mente el recuerdo de una bellísima mujer, mezcla de diosa y bailarina de carnaval, rubia teñida. Ese recuerdo se está yendo de a poco. Yendo…yendo...se fue. Por fin dejé que se escaparan estas palabras.
Ahora a cenar señores!…asadito con vino y amigos. Vamos Argentina carajo!

1 comentario:

Edmundo Poggio dijo...

Llevo en mi corazón los mas gratos recuerdos de mi estadía en Quito,en el año l978, residiendo un año y cargando mi mas profundo amor por esta ciudad, el cariño y hospitalidad de su gente, el amor vivido,el cursado en la facultad de Arquitectura de la Universidad Central, los recorridos diarios por el casco histórico, visitando todos sus rincones y las ventas ambulantes de las mas variadas artesanías que aún atesoro, las replicas en barro de la cultura Valdivia, sus tejidos de Otavalo, sus sombreros de Jipijapa,sus ponchos, y cantidad de artesanías que cobijé en mi regreso. Nunca olvidaré su cielo celeste y sus lloviznas de tardecita, el verde del panecillo y del guagua Pichincha como una gran alfombra plegada. He recorrido Guayaquil, Santo Domingo de los Colorados, Esmeraldas,Cuenca. He vivido en San Rafael en la casa de Danilo Hervas junto a su señora y sus cinco hijos, del que no tuve mas contacto y me gustaría saber de el para retribuirle algún dia la hospitalidad que me ofrecio, si fuera posible me gustaría poder conectarme con el, recuerdo que trabajaba en Quito Motors como vendedor.Pues bien , agradezco la oportunidad que me dan de contarles mis recuerdos que siempre los vivo como presentes y llevaré a Quito en mi corazón hasta el último día. Un gran abrazo y cariños de su amigo argentino. Arquitecto Edmundo E. Poggio"