lunes, 18 de enero de 2010

11-07-2009

Ayer una ventana del pasado se abrió repentinamente. Toda mi adolescencia en el colegio, los amigos que conocí, los maestros, las vivencias. El balance fue bueno, las cosas malas no se quedaron muy fijadas. Tendría que practicar otro ejercicio de búsqueda minuciosa más intenso para recordarlos, y no lo haré. Por lo tanto me quedo con lo que yo quiero. Hoy toca bailar tango si la persona que sería mi pareja quiere, o mañana solamente ir a velo en San Telmo. Estoy perdiendo la noción del tiempo, del día y la noche. A la mañana de Buenos Aires casi no la conozco. El sol que pega de lado me engaña siempre, haciéndome creer que siempre está empezando un nuevo día. Todo es un engaño. La noche de ayer me gustó bastante, por lo antigua, por el frío y la incertidumbre de salir a caminar a la calle luego de ir al cine. Fue algo -de cierta forma- melancólico

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