Como se verá, ahora tengo más tiempo todavía para poder dedicarle a esta bitácora. La pandemia de la gripe está en auge afuera y no se sabe a ciencia cierta cuándo terminará. La universidad ha cerrado y todas las aglomeraciones de gente están prohibidas. Ahora más que nunca se hace sentir la presión de vivir encerrado en un lugar pequeño. Me parece que el sitio podría ser no sólo éste en esta ciudad, sino en cualquier otro lado. Uno se da cuenta que está en Bs.As. cuando abres la puerta del edificio y sales a la calle.
Ayer estuve en el zoo y vi animales que jamás se me ocurría ver en mi vida. No me impactó demasiado ni le di mucha importancia. A la noche si me emocionó otro triunfo internacional de un equipo de Quito, viéndolo desde tan lejos y sin tener a nadie con quien festejarlo, solo se me ocurrió acostarme y ver una película francesa. Era de 1928, cine mudo todavía, que relataba el coraje de una mujer en medio de la Primera Guerra Mundial, para servir de mensajera entre los soldados franceses que estaban próximos a tierras alemanas y sus familiares. Me llamó la atención la cara de la mujer, con los labios extremadamente figurados y sus ojos saltones. Su vestimenta era arropada al extremo, muy conservadora. Me gustó el movimiento de sus pestañas.
Ahora a la mañana, si no hubiese sido por una llamada de un amigo, la verdad no me hubiera levantado en todo el día. El hastío me está invadiendo, y lo único suele repelerlo es el trabajo. Ahora la búsqueda diaria es encontrar algo qué hacer.
sábado, 16 de enero de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario