martes, 19 de enero de 2010

27-07-2009


Bueno, mi amigo se fue para Uruguay y aprovechando esta tan ansiada soledad, contrariamente estos días la he pasado afuera, turisteando en Buenos Aires y sus alrededores.
Estuve en Tigre, un pueblo cercano. Un lugar ideal para vivir, con un río precioso, yates, paseos peatonales. Un lugar ideal para quien quisiera enamorarse. Mi lugar ideal. La travesía fue en tren y el regreso en autobús. Me sorprendió enormemente los lugares, un encanto total. Ya de regreso a Buenos Aires, visité el Barrio Chino. Comida china en abundancia, típicamente como se haría en Ecuador. Un mito urbano bonaerense dice que en el Subte cercano al Barrio Chino no existen ratas. A veces uno se pregunta, existen tantos lugares cercanos en el mundo, y solo hay que tener la voluntad de dar un paso y visitarlos… y porqué no lo hice antes?
El denominador común es la soledad. No me hizo tanta falta estar acompañado, pero no puedo negar que siempre sentí un vacío. Después de unos días extraños, he reflexionado mucho sobre mi estancia aquí. Han venido muchos recuerdos de todo lo que dejé atrás, de manera persistente. Incluso he planificado como sería mi reinserción nuevamente en el mundo que tanto repudiaba, de qué manera podría recuperar todo lo que ya perdí y no lo tengo.
A la mitad de mi estancia, espero con ansias que algo que me arraigue a esta tierra que siempre quise pertenecer. No hay a la vista muchas expectativas, y eso contrasta tan amargamente con la situación de algunas personas muy cercanas a mí, que han sabido hacerse un lugar en esta monumental ciudad.
Falta tiempo aún, y eso me genera todavía alguna expectativa.

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