viernes, 8 de enero de 2010

22-05-2009


Otra vez me olvidé casi todo el sueño, pero algo me quedó. Ahora son autos, manejo autos. Ayer llegué a una cuesta empinada y cuando quise acelerar, el carro no avanzaba. Los frenos también fallaron, y el carro comenzó a retroceder rápido cuesta abajo. Caía vertiginosamente hacia el vacío hasta que me tope con otro auto y lo choque. Al interior del auto no nos pasó nada excepto un pequeño sacudón. A propósito estaba acompañado de un amigo de mi anterior trabajo, que de cierta forma era muy allegado a mí y lo apreciaba bastante. Lo único que me provoco es arrancar y huir de la escena antes que el dueño del auto colisionado saliera a hacer bochinche. Parece que lo logré, porque el auto arrancó y huimos presurosos. Yo le decía a mi amigo que abriera la entrada de su cochera para así poder esconder el auto, hasta que las aguas retomen su tranquilidad.
Logramos escapar. Siempre se puede.

1 comentario:

Marcelo Valladares dijo...

Bajofondo Tango Club lo dice muy bien.