Me doy vuelta, coloco la almohada del otro lado y sigo en
lo que estaba. La cama se mueve. De pronto una fastidiosa luz se filtra por la
hendija entre las cortinas y tenuemente comienza a recorrer como un láser la cama hasta
llegar a mi mano. Se siente tibio y
muevo los dedos. Luego sube poco a poco
y golpea mis ojos hasta que me obliga irremediablemente a abrirlos. Hoy no quiero levantarme.
Podría decirse que era otro día como tantos, mezquino y
entregado a la rutina del trabajo, pero
algo estaba diferente. Algo
no andaba bien . Esa sensación superó mi pereza y me obligó a asomarme por
la ventana. Inconscientemente siempre
busqué respuestas a todo asomándome a la
ventana. Esta vez tampoco fallé. Corrí las cortinas y toda la luz terminó por
cegarme. Frunciendo el ceño y levantando con esfuerzo los párpados por fin logré divisar lo que sospechaba desde que desperté. Era eso: no divisaba nada. Las calles estaban completamente vacías sin
ningún auto, ni buses, ni personas caminando.
No había nadie.
En esas situaciones uno tendería a buscar explicaciones o a
sumirse en pánico, pero de cierta forma el silencio era tan abrumador que no
indagué a donde se habían ido todos. Tan
sólo me detuve a disfrutarlo. Abrí la
puerta y sin dudar salí a la calle a caminar. De pronto al cruzar delante de un
escaparate abandonado me vi reflejado en
los espejos y noté algo que intuía desde
que comencé a caminar: estaba totalmente desnudo. Y había que añadir un detalle en particular, mi rostro no tenia boca.
La cosa se puso macabra en ese momento. Disfrutaba mucho de
hablar sobre los demás o sobre cualquier cosa, pero ahora todo se limitaba a gestos
desesperados, balbuceos y pensamientos, oscuros pensamientos que no podían extirparse.
Comencé a correr desesperadamente por
las calles vacías tratando de balbucear alguna palabra pero solo se oía un eco
horroroso que salía de mis pulmones, un grito mudo que retumbaba sórdido… mmm…mmmm…mmmmm.
Recorrí hasta
entrada la noche varios edificios, casas
abandonadas, pero no había nada ni nadie
que me explique por qué la ciudad estaba abandonada y lo más importante: dónde
estaba mi boca. Por fin a lo lejos, alcancé
a divisar una extraña luz que salía del subterráneo, era una luz tenue casi
igual a la que me había despertado en la mañana. Me acerqué. Ante mi sorpresa era una tienda, la única que
estaba abierta y en la cual vendían accesorios multiuso, de esas tiendas
que tienen todos los implementos necesarios para el hogar. Lo único que se me vino a la mente era pedir el
accesorio que le faltaba a mi rostro pero me quedé dubitativo cuando de pronto se
acercó una atractiva señorita desde el fondo de la tienda y con voz amable me preguntó…
le puedo ayudar en algo señor?
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