miércoles, 29 de enero de 2014

Dudas

Me doy vuelta, coloco la almohada del otro lado y sigo en lo que estaba.  La cama se mueve.  De pronto una fastidiosa luz se filtra por la hendija entre las cortinas y tenuemente comienza a recorrer como un láser la cama hasta llegar a mi mano.  Se siente tibio y muevo los dedos.  Luego sube poco a poco y golpea mis ojos hasta que me obliga irremediablemente a abrirlos.  Hoy no quiero levantarme.

Podría decirse que era otro día como tantos, mezquino y entregado a la rutina del trabajo,  pero algo estaba diferente.   Algo no andaba bien . Esa sensación superó mi pereza y me obligó a asomarme por la ventana.  Inconscientemente siempre busqué  respuestas a todo asomándome a la ventana.  Esta vez tampoco fallé.  Corrí las cortinas y toda la luz terminó por cegarme. Frunciendo el ceño y levantando con esfuerzo los párpados  por fin logré divisar lo que  sospechaba desde que desperté.  Era eso: no divisaba nada.  Las calles estaban completamente vacías sin ningún auto, ni buses, ni personas caminando.  No había nadie.

En esas situaciones uno tendería a buscar explicaciones o a sumirse en pánico, pero de cierta forma el silencio era tan abrumador que no indagué a donde se habían ido todos.  Tan sólo me detuve a disfrutarlo.   Abrí la puerta y sin dudar salí a la calle a caminar. De pronto al cruzar delante de un escaparate abandonado  me vi reflejado en los espejos  y noté algo que intuía desde que comencé a caminar: estaba totalmente desnudo.  Y había que añadir un detalle en particular,  mi rostro no tenia boca.

La cosa se puso macabra en ese momento. Disfrutaba mucho de hablar sobre los demás o sobre cualquier cosa,  pero ahora todo se limitaba a gestos desesperados, balbuceos y pensamientos, oscuros pensamientos que no podían extirparse.  Comencé a correr desesperadamente por las calles vacías tratando de balbucear alguna palabra pero solo se oía un eco horroroso que salía de mis pulmones, un grito mudo que retumbaba sórdido… mmm…mmmm…mmmmm.  


Recorrí hasta entrada  la noche varios edificios, casas abandonadas,  pero no había nada ni nadie que me explique por qué la ciudad estaba abandonada y lo más importante: dónde estaba mi boca.  Por fin a lo lejos, alcancé a divisar una extraña luz que salía del subterráneo, era una luz tenue casi igual a la que me había despertado en la mañana.  Me acerqué.   Ante mi sorpresa era una tienda, la única que estaba abierta  y en la cual  vendían accesorios multiuso, de esas tiendas que tienen todos los implementos necesarios para el hogar.  Lo único que se me vino a la mente era pedir el accesorio que le faltaba a mi rostro pero me quedé dubitativo cuando de pronto se acercó una atractiva señorita desde el fondo de la tienda y con voz amable me preguntó… le puedo ayudar en algo señor?

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