Como el veneno de la serpiente plateada, tus deseos me fueron paralizando la voluntad de soñar. Mis anhelos se iban diluyendo y los espasmos ahogaban mi decisión. Dulce veneno. Me permitía saborear el mundo de la muerte, de los deseos incomprendidos pero correspondidos, de la miel amarga: el mundo de ti.
Tú, la reina del baile macabro, glamorosa con tu vestido negro escotado, tus uñas metálicas, tus pestañas arqueadas y tus empalagosos instrumentos de tortura, que eran los instrumentos de mi felicidad.
La viuda negra encontró el amor y llegó la hora de la cena romántica. Me arrancas la cordura de un tajo, la devoras a medias y luego la estrujas y la tiras. ¿Te has saciado ya? Aparentas que sí, porque se escucha de fondo el júbilo de un estridente cascabel, muestra que tu morboso gusto ha sido consumado.
Ambos hemos encontrado la verdad y se ha terminado el tiempo de las máscaras. Es hora de descubrir las nuevas facciones de este rostro transfigurado que ya no tiene ojos, ni nariz, ni boca. Ahora miro el mundo con la indiferencia, respiro el aire con la resignación y palpo los sabores con la desconfianza.
Ha renacido un ente desde el desencanto, inventado desde la nada pero afincado en el todo, siempre expectante en la cúspide de su fortín desde donde se contempla el infinito.
martes, 8 de septiembre de 2009
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1 comentario:
¿Decepción? tal vez nunca nos encontramos tan cerca de la verdad como cuando muere la esperanza, ya que no está la alegría que distorciona la sensatez, ni el dolor de lo que todavía te importa, y entonces el cielo se abre ante nosotros, revelándonos la verdad en medio de nuestro desengaño...
Muy buen trabajo, excelente escrito.
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