Desde antaño se ha dicho que el fuego es un elemento que proporciona
calor desde afuera hacia adentro, pero este mito ha sido rebatido a través de
los tiempos. Ahora se sabe con exactitud que nace desde el interior de los
seres vivos. En el caso de los humanos,
su origen se remonta a la hoguera interna que se produce gracias a las
sensaciones profundas, a los dolores y a las pasiones bajas, cocinadas todas a
ritmo lento en las tripas, a fuerza de puro empeño. Luego de su cocción, el fuego sólo se deja
ver en instantes fugaces: lo que demora una sonrisa, un suspiro o lo que delata una mirada coqueta, en cuyo
caso se logra apreciar cuando se encandilan las pupilas enamoradas.
En algunos casos se deja notar en los exabruptos de la personas
y sus riñas verborrágicas que más se asemejan a las fábulas, donde los dragones
lo exhalan para defenderse de sus enemigos, pero a diferencia de éstos, se
logra apreciar a manera de palabras recalcitrantes que lo reducen todo hasta las
cenizas.
Su presencia siempre ha sido símbolo de hogar y de bienestar
que sin lejos de ser la verdad, ha creado una idea dogmática de dependencia,
nunca bien administrada. El uso más
importante que se le ha dado a este elemento, es el de encender los cigarrillos
de la gente que ha transformado el mundo con sus pensamientos y permitirles
aunque sea un sorbo de efímera felicidad.
1 comentario:
veese man!
Publicar un comentario