sábado, 4 de julio de 2015

El fuego


Desde antaño se ha dicho que el fuego es un elemento que proporciona calor desde afuera hacia adentro, pero este mito ha sido rebatido a través de los tiempos. Ahora se sabe con exactitud que nace desde el interior de los seres vivos.  En el caso de los humanos, su origen se remonta a la hoguera interna que se produce gracias a las sensaciones profundas, a los dolores y a las pasiones bajas, cocinadas todas a ritmo lento en las tripas, a fuerza de puro empeño.  Luego de su cocción, el fuego sólo se deja ver en instantes fugaces: lo que demora una sonrisa, un suspiro o  lo que delata una mirada coqueta, en cuyo caso se logra apreciar cuando se encandilan las pupilas enamoradas.
En algunos casos se deja notar en los exabruptos de la personas y sus riñas verborrágicas que más se asemejan a las fábulas, donde los dragones lo exhalan para defenderse de sus enemigos, pero a diferencia de éstos, se logra apreciar a manera de palabras recalcitrantes que lo reducen todo hasta las cenizas.
Su presencia siempre ha sido símbolo de hogar y de bienestar que sin lejos de ser la verdad, ha creado una idea dogmática de dependencia, nunca bien administrada.  El uso más importante que se le ha dado a este elemento, es el de encender los cigarrillos de la gente que ha transformado el mundo con sus pensamientos y permitirles aunque sea un sorbo de efímera felicidad.