
Hay que terminar de leer y dar vuelta la página, con lo terrible que me resulta el asunto de sentarme a leer o buscar un espacio en mi cabeza para poner atención a las cosas. Aquella pagina inmensa y llena de letras que cada vez que avanzaba un párrafo parecía que se reproducían dos más al final, algo parecido a leer frente a la pantalla del computador, solo avanza hacia abajo y parece que la página nunca termina. Pero esa mañana era diferente. Me levanté temprano como nunca, con toda la convicción de dar la vuelta la página, de una vez por todas terminar ese capítulo exasperante que me tenia ahogado. Dar la vuelta la hoja era la tarea pendiente y proseguir con el resto del texto. Pero ese día no fue posible. El texto ya había perdido vigencia y para colmo, ya no me interesaba; no tenía la importancia que le había dado al principio. Ya alguien había dado vuelta la página por mí y sin saberlo, me había aplastado a mí dentro del libro. No se percató que me había quedado en ese capítulo. Solo en ese momento, con la nariz chata, el cuerpo aplanado y casi sin poder respirar, me di cuenta que ese es el precio de vivir en la página y no darle la vuelta.
2 comentarios:
el tiempo no pasa, pasamos nosotros, o nos quedamos, me encantó el detalle de que alguien da la vuelta por nosotros, que razón tienes, quedarnos por lo regular tiene un precio bastante alto, y pocas veces reditúa algo. Bsos, sigue escribiendo, me encantó.
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